




Alex llegó al mundo de la barbería hace 8 años con una cosa clara: hacerlo bien o no hacerlo. Curso tras curso, navaja tras navaja, fue construyendo un oficio con las manos. Arquitecto de formación y diseñador de vocación, su mirada siempre tuvo algo diferente: ver las proporciones, el detalle, la estructura detrás de cada trabajo. Fue ese mismo ojo el que lo llevó al tatuaje. De la mano de los artistas del estudio, la práctica se convirtió en pasión y la pasión en otro oficio. Hoy Alex no elige entre barbería y tatuaje — los dos son la misma cosa: arte que se lleva en la piel.





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